…alias “Cañito” Lo que es la tecnología, che!
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Por Diego Cabot | LA NACION
Pasaron 10 años, pero finalmente el día llegó. A partir de 2012, los argentinos empezarán a pagar de su bolsillo el desmanejo tarifario, normativo, regulatorio, legal y financiero en el que se sumieron los servicios públicos después de la crisis de 2001. El Gobierno anunció que se quitarán sucesivamente los subsidios a los sectores quela Casa Rosadadecida. Así se hará, según el criterio discrecional que surja. Nada de reglas generales ni criterios para todos. Casi una norma para cada necesidad, similar a lo que sucede con todo el marco de servicios públicos enla Argentina.
Más allá de las declamaciones públicas, de la negación hasta el hartazgo de la crisis energética, los usuarios empezarán a sentir en carne propia las consecuencias de las decisiones políticas que se escondieron durante estos años. Desde enero no subirán las tarifas y tampoco se quitarán los subsidios, como reza el discurso que el Gobierno ha decidido instalar. Lo que sucederá es que a las facturas de luz, agua y gas se les sumará un importe que irá directamente a las manos del ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, para pagar el déficit de un sistema de servicios públicos que después de 10 años de ser negado crujió por falta de recursos.
No es verdad quela Argentinatransitó estos años de crecimiento económico sin crisis energética. Lo que sucedió es que siempre se la escondió. El kirchnerismo optó por agredir a quienes se atrevían a esbozar una crítica a la política energética y por callar las voces que advertían sobre la falta de planificación en un área sensible para la economía.
Toda esa falta de planificación a largo plazo se tapó con dinero. Lo que empezó siendo un esquema de emergencia cuandola Argentinatransitó por una verdadera crisis social a inicios de la década de 2000 terminó siendo un vicio estructural de un sistema ineficiente y caro.
Fueron 10 años en los que la energía ya no fue para todos. No es posible que los que quieran estar frescos en verano puedan hacerlo mientras la industria produce. Tampoco en invierno: al calor de los hogares se le contraponen los hornos industriales fríos. Todo se tapó con un descomunal cheque con el que se compraba la energía importada a cualquier precio. Por caso, en 2004, primer año completo del gobierno de Néstor Kirchner, el dinero que se necesitó para cubrir la brecha entre lo que salía la energía y lo que pagaban los usuarios fue de alrededor de 1000 millones de dólares. Para este año, las previsiones calculan que serán necesarios cerca de 10.000 millones.
Ahora el velo se corrió. El dinero para financiar un descomunal déficit se termina, o en su caso, desdela Casa Rosadaprefieren darle otro fin.
Cada quince días, De Vido y el ministro de Economía, Amado Boudou, anuncian quiénes serán los nuevos aportantes al fondo que financia el déficit. Ayer, se sumaron otros grupos de empresas. Pero, además, se invirtió la carga. Los usuarios deberán demostrar que ellos no pueden pagar el cargo y será, como siempre, el Gobierno el que decida si les asiste razón o no.
Las grandes empresas invirtieron, y mucho, para intentar tener la energía necesaria para producir en épocas de alta demanda. Pero nada alcanzó. Cuando el invierno apretaba, los industriales se acostumbraron a apagar sus hornos o a apagar la luz cuando el calor hacía de las suyas. Los usuarios residenciales, ni se enteraban, gracias, claro está, al silencio empresarial impuesto sobre el asunto.
Desde enero, las boletas serán distintas y hasta en algunos casos podrán quintuplicarse. La confusión reinará entre los consumidores.
¿Cómo podrá hacer un habitante de la ciudad de Buenos Aires para pagar menos agua en su departamento si ni siquiera tiene medidor que controle su consumo? Pues no podrá. Sucede que el Gobierno no esta subsidiando el agua, sino que está soportando el déficit operativo de una empresa estatal, Agua y Saneamientos (AySA), que tiene la concesión del servicio enla Capital Federaly en 17 partidos del conurbano bonaerense. Seguramente son pocos los usuarios que se preguntaron qué era de la vida de esa empresa que maneja el gremio sanitario. Mientras tanto, el agua fluía barata por las cañerías. Pues en lo que va del año ya necesitó 2245 millones de pesos para funcionar. Ahora aportarán a ese déficit los usuarios que De Vido y Boudou señalen con el dedo.
Algo similar ocurrirá con el gas y con la electricidad. Enla Argentinano hay subsidios directos a los usuarios, sino que se impone de un impresionante déficit de un sistema que tiene que importar combustibles para abastecer a una demanda desmadrada.
La Argentinaperdió el autoabastecimiento energético con el kirchnerismo y esta administración optó por la importación antes que el fomento de la producción local. Ya no se puede soportar el peso de este esquema tal como está. Nuevamente, los usuarios aportarán al desmanejo, que necesitará cerca de 41.000 millones de pesos para este año.
Los usuarios recibirán ahora una factura que estará compuesta por tres grandes conceptos: tarifa por el servicio, impuestos y cargo específico para soportar el déficit. La tarifa seguirá siendo baja y lo que sí subirá será este último ítem. Todo vendrá en la misma factura y nadie podrá negarse a aportar para que el Gobierno compre el gas a Bolivia (cinco veces más caro que el producido localmente) o el fueloil a Venezuela. La multa por no hacerlo es quedarse sin gas o sin electricidad. Se puso en marcha casi un impuesto directo atado al consumo de gas, agua o electricidad.
Ahora bien, ¿no podría pasar lo mismo con Aerolíneas Argentinas? ¿Qué diferencia existe entre AySA, que necesitó este año 2245 millones de pesos para funcionar, y Aerolíneas, que recibió 1949 millones? Pues ninguna en términos económicos; son dos empresas deficitarias que no pueden subsistir con lo que recaudan.
¿Podría cobrar el Gobierno un cargo tarifario en la compañía aérea para compensar este descalabro? Pues sí, podría hacerlo, sólo que la competencia dejaría a los aviones de Aerolíneas vacíos.
Con la luz, el gas y la electricidad es otro cantar: son monopolios naturales, no hay competencia y si alguien no paga, se queda sin servicio.
LA DEFENSA DE BOUDOU EN TWITTER
“En su momento fue necesario que el Estado ayude a todos. Por suerte, gracias al crecimiento, hay sectores que ya no necesitan subvención”, escribió el ministro de Economía y vicepresidente electo, Amado Boudou, en su cuenta de Twitter, tras el anuncio de la eliminación de los subsidios a los servicios públicos a usuarios que residen en tres zonas de la ciudad de Buenos Aires y en countries. “Para transparentar el sistema, será público y accesible a través dela Web: nadie que lo necesite perderá la ayuda que el Estado hoy le brinda”, agregó el jefe del Palacio de Hacienda..
Por Carlos Pagni | LA NACION
No podría estar más claro. La fiesta terminó. Cristina Kirchner dispuso una racionalización progresiva sobre las cuentas públicas, cuya dimensión definitiva aún se desconoce.
El problema es muy preciso y se ha decidido atacarlo: el año que viene el Tesoro debe saldar deudas por US$ 7500 millones y 45.000 millones de pesos. De esa deuda en pesos, 20.000 millones están en poder del sector público y, por lo tanto, se pueden reprogramar. Pero hay $ 25.000 millones que, si no hubiera superávit primario, deberían ser emitidos. Y el Gobierno le ha tomado miedo a la emisión. Descubrió que con los pesos se pueden comprar dólares.
La modalidad con que se hace este ajuste reproduce a la perfección el mapa genético del kirchnerismo. El rasgo más reconocible es la oportunidad. Como en 2007, las malas noticias se dan entre el día en que se ganan las elecciones y el día de la asunción del mando. En aquella oportunidad, Néstor Kirchner se encargó del trabajo sucio antes de la entrega del poder. Aumentó las retenciones, la tarifa del transporte y el impuesto a la riqueza. Así su esposa podría asumir la Presidencia prometiendo la “profundización del modelo”. Igual que el 10 del mes próximo.
La otra marca de familia del torniquete que Julio De Vido y Amado Boudou exhibieron ayer es el gradualismo. Están aplicando un impuestazo en cámara lenta. Y es lógico. Para un grupo político que se instaló en el poder cuando todavía retumbaban las cacerolas, aumentar la carga tributaria o las tarifas es asomarse al abismo. El Gobierno está tanteando el terreno porque tiene miedo. Ayer fue a lo seguro: Barrio Parque, extendido hasta la vereda par de Libertador, y Puerto Madero; es decir, zonas donde, salvo De Vido, Boudou, Florencio Randazzo o Aníbal Fernández, sólo vive gente acaudalada. Aun así, anoche los funcionarios analizaban la posibilidad de escalonar en la aplicación del cargo tarifario para evitar turbulencias.
El horror por las reglas generales y los mecanismos automáticos que adornó los anuncios de ayer fue otro alarde de kirchnerismo explícito. Serán los funcionarios los que van a decidir a quién le toca y a quién no el retiro del subsidio. Lo harán según las declaraciones juradas que presenten los interesados. Los que se atrevan a pedir serán tratados como vulgares compradores de dólares: los examinarán la AFIP, la Anses y vaya a saberse qué otro organismo de control. Además, como toda la información será exhibida en Internet -es el concepto que Boudou tiene de la transparencia-, el Gobierno pondrá a los consumidores de luz y gas a tiro de un escrache.
Para el oficialismo no existe el disfrute del mando sin cierto margen de arbitrariedad. Eso es el poder. Lo demás son facultades. De Vido y Boudou llevaron ayer ese estilo hasta la caricatura, cuando anunciaron que la guadaña comenzará a actuar sobre los porteños. ¿Hay alguna diferencia entre un consumidor de Barrio Parque y otro de las Lomas de San Isidro? Sí: que la Capital Federal votó a Pro, no al Frente para la Victoria. Es cierto que los vecinos de la ciudad de Buenos Aires le dieron después el triunfo a Cristina Kirchner. Pero, por lo visto, siguen dando asco.
La segmentación discrecional de los subsidios según el sector de la economía en el que esté radicado el subsidiado esconde también una estrategia cambiaria. Asignar costos distintos a cada tipo de empresa es una forma de fijar distintos tipos de cambio. Es el sueño de Ignacio de Mendiguren, quien para no hablar de “devaluación selectiva” se refiere a “creación de espacios internos de competitividad”. Habrá que ver cómo se los explica a los asociados de la UIA que se sienten castigados con las novedades de ayer.
La retórica con que se están comunicando estas medidas ofrece también una peculiaridad del Gobierno, que es un nivel razonable de demagogia: el retiro de los subsidios no es un ajuste para equilibrar los números del Estado sino una penalización ejemplar de la riqueza.
Es un modo de envolver el bisturí. Un montaje. Porque para esta etapa menos festiva de su gestión económica el kirchnerismo todavía no cuenta con una explicación. Es decir: De Vido y Boudou se abstienen de consignar la razón por la cual ahora retiran lo que antes venían concediendo. Y tampoco justifican un comportamiento aun más enigmático: por qué los sectores más acomodados de la sociedad recibieron durante ocho años de administración nacional y popular semejante ayuda solidaria.
Para encontrar esa narración -o, como diría el experto en metamorfosis Horacio González, “para encontrar la forma inherente a esta presencia”- la Presidenta debería reconocer dos fracasos: el de la política de precios y el de la política energética. Los subsidios se han vuelto insostenibles, por un lado, porque la inflación se ha ido devorando el presupuesto del Estado. Y, por otro, porque se ha vuelto cada vez más costoso importar gas a más de US$ 10 por millón de BTU, cuando al productor local se le reconocen sólo US$ 2 por el mismo producto.
Cristina Kirchner se niega a hablar de la inflación. Y también a que la energía tenga un precio. Es la razón por la cual lo que se está llevando adelante no es un aumento de tarifas sino la aplicación de un impuesto, llamado “cargo tarifario”, que no se destina a las empresas que suministran los servicios, sino a fideicomisos administrados por el Estado con criterios que se conocieron bien gracias al caso Skanska. Boudou lo aclaró ayer cuando reveló que “pagarán más los que tengan mayor capacidad contributiva”. Es decir, no los que consuman más. Se debe haber escapado, porque ese criterio ya fue objetado en tribunales, donde muchas empresas consiguieron hace tres años medidas cautelares en contra de los cargos que se están universalizando en estos días.
Las compañías energéticas que pretendan un incremento en sus ingresos deberán esperar a que Guillermo Moreno examine sus costos y les fije su rentabilidad. A su vez esa operación depende del nivel de asimilación social del reajuste impositivo de ayer, que para algunas familias significará multiplicar por tres o por cuatro lo que pagan por la boleta de la luz. En definitiva: se trata de una disputa entre el Estado y las empresas de servicios por el bolsillo de los consumidores.
El impacto en la capacidad adquisitiva del público es una dimensión crucial de la nueva orientación oficial. Porque la fiesta que termina se sostuvo en el consumo. Todavía no hay economistas capaces de definir la gravitación de estas medidas en el nivel de actividad ni en la competitividad de algunas compañías exportadoras. También este problema está en la naturaleza del kirchnerismo: su gerenciamiento de la economía es pro cíclico. En la expansión, ilusionado con un presente eterno, estimula el consumo. En la desaceleración, enfría. Con el mundo en retracción y Brasil bajando de velocidad, sería la hora de aumentar el gasto, los subsidios y el salario. Pero esos recursos ya fueron agotados y en el peor momento hay que ajustar. Para ese karma no hay relato..
Pero el amor, esa palabra… Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación de] amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fájate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.
¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.
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A la Maga y a mí nos ocurre a veces profanar nuestros recuerdos. Depende de tan poco, el malhumor de una tarde, la angustia de lo que puede ocurrir si empezamos a mirarnos en los ojos. Poco a poco, al azar de un diálogo que es como un trapo en jirones, empezamos a acordarnos. Dos mundos distantes, ajenos, casi siempre inconciliables, entran en nuestras palabras, y como de común acuerdo nace la burla. Suelo empezar yo, acordándome con desprecio de mi antiguo culto ciego a los amigos…
Lo malo es que la Maga no puede seguir mucho rato, en seguida se larga a llorar, esconde la cara contra mí, se acongoja a un punto increíble, hay que preparar té, olvidarse de todo, irse por ahí o hacer el amor, sin los tíos ni la madre hacer el amor, casi siempre eso o dormir, pero casi siempre eso.
Seguir el hilo de una vida. Conocer a la persona con la que haces el amor (a veces sólo eso). Aguantar esos momentos patéticos y bellos donde una persona se derrumba. No intentar sumar una experiencia tras otra: sumar una experiencia verdadera.
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Entre la Maga y yo crece un cañaveral de palabras, apenas nos separan unas horas y unas cuadras y ya mi pena se llama pena, mi amor se llama mi amor… Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera de nosotros. Todo esto se lo voy diciendo a Crevel pero es con la Maga que hablo, ahora que estamos tan lejos. Y no le hablo con las palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos y llenan de polvo de oro una habitación o un verso. ¿Pero no hemos vivido así todo el tiempo, lacerándonos dulcemente? No, no hemos vivido así, ella hubiera querido pero una vez más yo volví a sentar el falso orden que disimula el caos, a fingir que me entregaba a una vida profunda de la que sólo tocaba el agua terrible con la punta de pie. Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impuso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es un orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en perjuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos.
Inútil. Condenado a ser absuelto. Vuélvase a casa y lea Spinoza. La Maga no sabe quién es Spinoza. La Maga lee interminables novelas de rusos y alemanes y Pérez Galdós y las olvida enseguida. Nunca sospechará que me condena a leer a Spinoza. Juez inaudito, juez por sus manos, por su carrera en plena calle, juez por sólo mirarme y dejarme desnudo, juez por tonta e infeliz y desconcertada y roma y menos que nada. Por todo eso que sé desde mi amargo saber, con mi podrido rasero de universitario y hombre esclarecido, por todo eso, juez. Dejate caer, golondrina, con esas filosas tijeras que recortan el cielo de Saint-Germain-des-Prés, arrancá estos ojos que miran sin ver, estoy condenado sin apelación, pronto a ese cadalso azul al que me izan las manos de la mujer cuidando a su hijo, pronto la pena, pronto el orden mentido de estar solo y recobrar la suficiencia, la egociencia, la conciencia. Y con tanta ciencia una inútil ansia de tener lástima de algo, de que llueva aquí dentro, de que por fin empiece a llover, a oler a tierra, a cosas vivas, sí, por fin a cosas vivas.
El domingo ganó Cristina, pero la fuga de capitales sigue a todo ritmo.
El domingo ganó Cristina, perola Justiciano citará a ninguno de los cientos de implicados en delitos cometidos desde la función pública.
El domingo ganó Cristina, pero las variables económicas, como el precio del dólar, el del real y la desaceleración de la economía, siguen sin ser tenido en cuenta, o debatido. Ni la economía, corregida.
El domingo ganó Cristina,la Barrick Goldde fiesta.
El domingo ganó Cristina, el pluralismo y el diálogo entre fuerzas políticas deberán esperar cuatro años más.
El domingo ganó Cristina, pero la inflación sigue a todo vapor, carcomiendo los salarios, las jubilaciones, y la renta de las empresas que no invertirán.
El domingo ganó Cristina, pero no dejó de haber desesperanza en los barrios pobres, en los pueblos abandonados, en las villas y en los asentamientos.
El domingo ganó Cristina, pero es mentira que hay más democracia, volvieron a producirse todos los desmanejos electorales y avivadas de siempre.
El domingo ganó Cristina, pero vamos a seguir viajando en los mismos trenes y colectivos amortizados, terminados, obsoletos, peligrosos, parecidos a los dela India.
El domingo ganó Cristina, el justo 82% para los jubilados y la ley de reajuste móvil, deberán esperar cuatro años.
El domingo ganó Cristina, pero no habrá representantes de los trabajadores en el Congreso, como siempre lo propugnaba el peronismo, sino, los más chupamedias K y los pingüinos adictos.
El domingo ganó Cristina, las provincias y los gobernadores serán tan dependientes del poder central y tan poco independientes como ayer.
El domingo ganó Cristina, seguimos sin crédito internacional, aislados del mundo.
El domingo ganó Cristina, YPF sigue siendo de Repsol.
El domingo ganó Cristina, la obra pública crece en presupuesto, pero a base de corrupción, no de concreciones.
El domingo ganó Cristina, cae la oferta de trabajo, salvo en el sector público.
El domingo ganó Cristina, pero los problemas de la educación siguen igual, los alumnos no aprenden y el país pierde cada vez más con la política de demagogia: fue comprobado en los exámenes de PISA, un sistema internacional de evaluaciones.
El domingo ganó Cristina, pero los índices del INDEC siguen siendo manipulados.
El domingo ganó Cristina, pero los sueldos siguen perdiendo poder de compra por la inflación del 2% al 3 % mensual.
El domingo ganó Cristina, si hay que ajustar, será vía consumidores y no a los empresarios amigos del poder.
El domingo ganó Cristina, pero las instituciones son cada vez menos independientes y más manejadas por el poder central.
El domingo ganó Cristina, la matriz fiscal seguirá siendo regresiva, solo se perseguirá a los quiosqueros y otros perejiles, los grandes seguirán evadiendo impuestos como siempre.
El domingo ganó Cristina, pero cada vez se ven más indigentes en las calles.
El domingo ganó Cristina, pero del monocultivo de soja no se puede hablar.
El domingo ganó Cristina, pero del menor consumo de proteínas (carnes) por habitante, es una especie de “ajuste” encubierto hay silencio, nadie ve, y tampoco se puede hablar.
El domingo ganó Cristina, perola CTAno tiene reconocimiento oficial, ni existe democracia sindical.
El domingo ganó Cristina, pero seguiremos sin radarizar las fronteras, y continuaremos abiertos al narco-contrabando.
El domingo ganó Cristina, pero ya tenemos 4 millones de drogadependientes.
El domingo ganó Cristina, seguirá la trata de blancas y los abusos del poder sobre las mujeres, niños y otros vulnerables.
El domingo ganó Cristina, pero la pesca indiscriminada y los mares seguirán siendo regalados como en la época anterior de este gobierno, la de Menem.
El domingo ganó Cristina, en Buenos Aires hay 80 villas más que cuando asumieron “él” y “ella”.
El domingo ganó Cristina, no hay crédito en pesos para la vivienda, salvo los que ofrecen “mamá Hebe y Sergio” a cambio de predicar el rosario guevarista.
El domingo ganó Cristina, pero los “amigos del poder K” seguirán ganando “licitaciones” poblando el país de prostíbulos y casinos, como enla Cubade Batista.
El domingo ganó Cristina, y los santacruceños tendrán que esperar cuatro años más para saber qué pasó con su plata, y por qué no vuelve de la “mesita” de NYC.
El domingo ganó Cristina,la Argentinaseguirá siendo un país aislado del mundo, agro-exportador y dependiente.
El domingo ganó Cristina, y el “crecimiento” seguirá dejando la renta a los agroexportadores y a las multinacionales del comercio de granos, carnes y alimentos, sin “matriz diversificada”, siempre mentida.
El domingo ganó Cristina, ya no será necesario mantener el “Ital Park de Villa Martelli”.
El domingo ganó Cristina, seguirá faltando nafta y gas, no convine destilar.
El domingo ganó Cristina, y los bancos y cajas de crédito usurarias (la pasión verdadera de él), se seguirán llenando los bolsillos exprimiendo a los asalariados con sus gastos y costos.
El domingo ganó Cristina, durante cuatro años más habrá una seguidilla de monumentos, veneraciones, actos y estatuas e idolatrando la imagen de “San Néstor”.
El domingo ganó Cristina, China, Qatar, India, Brasil y otros emergentes podrán seguir comprando tierras o apropiándose de posiciones hegemónicas de esenciales, como la soja, el hierro, la exportación de cuota Hilton, y otros nichos locales de producción agraria o primaria.
El domingo ganó Cristina, todos los funcionarios podrán seguir multiplicando geométricamente su patrimonio, tranquilos, sin que nadie se ose a cuestionarlos.
El domingo ganó Cristina, seguiremos entre los países menos trasparentes, más corruptos y menos aconsejables para invertir: 105 de 180 países.
El domingo ganó Cristina, seguirá la mirada tuerta de la historia y la construcción del relato K de la misma.
El domingo ganó Cristina, la posibilidad de vivir en una República se posterga por cuatro años más.
José Terenzio
http://www.periodicotribuna.com.ar/
Tu tiempo es un vidrio tu amor un fakir, mi cuerpo una aguja tu mente un tapiz. Si las sanguijuelas no pueden herirte no existe una escuela que enseñe a vivir. El ángel vigía descubre al ladrón le corta las manos, le quita la voz, la gente se esconde o apenas existe, se olvida del hombre, se olvida de Dios. Miro alrededor, heridas que vienen, sospechas que van y aquí estoy pensando en el alma que piensa y por pensar no es alma, desarma y sangra…
Mi madre está haciendo un recorrido por Europa. Primera parada: Madrid – Estación de Atocha.
Imposible no pensar en vos, Joaquín…
Con su boina calada, con sus guantes de seda,
su sirena varada, sus fiestas de guardar,
su vuelva usted mañana, su salvese quien pueda,.
Su partidita de mus, su fulanita de tal.
Con su todo es ahora, con su nada es eterno,
con su rap y su chotis, con su okupa y su skin,
aunque muera el verano y tenga prisa el invierno
la primavera sabe que la espero en Madrid.
Con su otoño Velázquez, con su Torre Picasso,
su santo y su torero, su Atleti, su Borbón,
sus gordas de Botero, sus hoteles de paso,
Su taleguito de hash, sus abuelitos al sol.
Con su hoguera de nieve, su verbena y su duelo,
su dieciocho de julio, su catorce de abril.
A mitad de camino entre el infierno y el cielo…
yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid.
Aunque la noche delire como un pájaro en llamas,
aunque no dé a la gloria la Puerta de Alcalá,
aunque la maja desnuda cobre quince y la cama,
aunque la maja vestida no se deje besar,
“Pasarelas Cibeles”, cárcel de Yeserías,
Puente de los Franceses, tascas de Chamberí,
ya no sueña aquel niño que soñó que escribía,
Corazón de María, no me dejes así…
Corte de los Milagros, Virgen de la Almudena,
chabolas de uralita, Palacio de Cristal,
con su “no pasarán” con sus “vivan las caenas”,
su cementerio civil, su banda municipal.
He llorado en Venecia,
me he perdido en Manhattan,
he crecido en La Habana, he sido un paria en París,
México me atormenta, Buenos Aires me mata,
pero siempre hay un tren que desemboca en Madrid.
Pero siempre hay un niño que envejece en Madrid,
pero siempre hay un coche que derrapa en Madrid,
pero siempre hay un fuego que se enciende en Madrid,
pero siempre hay un barco que naufraga en Madrid,
pero siempre hay un sueño que despierta en Madrid,
pero siempre hay un vuelo de regreso a Madrid.
Título: Yo me bajo en Atocha
Año: 1998
Letra: Joaquín Sabina, Pancho Varona
Música: Joaquín Sabina, Antonio García de Diego y Pancho Varona
Disco: Enemigos Intimos (1998)